martes, 22 de julio de 2008

Renuncias y responsabilidades

Un atardecer de matices rosados engalanaba el cielo con guirnaldas de nubes caprichosas, tan radiantes que acaparaban por completo la atención y dejaban en segundo plano el boscoso paisaje circundante.
Sentado sobre un saliente, divisaba la panorámica desde las alturas, pero no se conmovió como antaño.
Quería despedirse de ella de la manera más hermosa, y que fuese el mismo bosque testigo de ello.
Recorrió una angosta vereda con ella colgada del hombro, apartó las ramas que se enganchaban en sus cintas y cuando por fin encontró el momento y lugar idóneos no se atrevió a tocarla.
Ella, junto a él, silenciosa. Y él, sin tan siquiera mirarla.
Su cabeza estaba demasiado absorta en las responsabilidades, la familia, el trabajo, y ahora encima la adquisición de la vivienda.
- ¡Bah! – se decía a sí mismo para convencerse- si casi ya no tengo ni tiempo. La tenía en casa, olvidada en un rincón. ¿Cuántos meses hacía que no tocaba una canción? ¿o quizá fuesen años? No era capaz de recordarlo.
Se sintió ridículo encaramado en aquel saliente y decidió regresar al coche.
En su cabeza bullían miles de pensamientos de protesta, tales como, ¡no hay derecho que nos esclavicemos el resto de nuestra vida por una hipoteca!. ¡Que tengamos que vender hasta el último objeto de valor para afrontar los gastos! ¡No hay derecho que seamos extorsionados por especuladores del suelo que se hacen en poco tiempo millonarios!
Su expresión facial era la de un niño enfadado y tras algunas imprecaciones su ira la volcó sobre sí mismo:
- ¡Imbécil!, tú también has caído en la trampa del sistema, mañana la vas a vender.
Así que se sentó apoyando la espalda en un árbol, la sacó de su funda y acarició su contorno curvilíneo. Sus ojos se entretuvieron en una minuciosa contemplación.
Dulces recuerdos calmaron el sabor a hiel que se había apoderado de su boca permitiendo que su corazón y la guitarra volvieran a entrar en conexión.
La canción elegida sólo sirvió para los primeros acordes, el resto lo improvisó, inspirándose en los sonidos del lugar. Los pájaros al principio silenciosos se unieron con su especial sinfonía a su melodía hasta el punto que creyó distinguir el sonido de una flauta.
Paró en seco e inspeccionó sus alrededores para asegurarse de que no había nadie, pero sólo se oyó el viento silbando al acariciar las hojas de los árboles.
Continuó tocando, pero muy atento a los sonidos de su alrededor, interpretando mecánicamente aquella canción de los Beatles. Pero como no escuchó alrededor ningún sonido volvió a abandonarse a la experiencia y aquella flauta volvió a unir sus acordes a los suyos.
Perdió la noción del tiempo y se entregó tanto a la música que solo paró cuando estuvo lo suficientemente exhausto. Y allí, a solas, lloró y lloró, de una forma liberadora, como si de algún modo estuviera recuperando todas aquellas veces que se había sentido impotente y no había logrado romper en llantos.
Se quedó dormido abrazado a ella y en sus sueños volaba por el bosque, siguiendo el sonido de la melodía de la flauta como si de un pájaro se tratase. Llegó a un claro, con una pequeña charca, el sol del mediodía incitaba a otros pajarillos a remojarse en el agua y la flauta acompasada con sus cantos se oía cada vez más cerca.
Se dejó contagiar por tal ambiente festivo participando de tan peculiar baño, el sonido de la música se volvió embriagador y movido como por una fuerza invisible voló hasta posarse sobre el hombro de una joven, que sentada sobre un tronco caído contemplaba absorta a los pájaros y que a pesar de no llevar instrumento alguno hacía brotar de su pecho la canción, que por encanto, lo había transportado hasta allí.
El sonido de un trueno resonó en el valle y la música dejó de sonar. Sobresaltado, emprendió el vuelo en busca de refugio. El aire se cargó de humedad y esa sensación de frescor tan agradable que sentía cuando estaba a pleno sol se transformó en un frío insoportable.
Volvió a oírse otro trueno, que lo rescató de su sueño, ya no era un pájaro y tampoco se encontraba en el claro soleado. La noche había cubierto el bosque de oscuridad y la lluvia dificultaba aún más la visibilidad transformando el entorno en un lugar totalmente irreconocible.
- Espero no estar muy lejos del coche – se dijo a sí mismo no muy convencido.
Buscó en su mochila a tientas hasta encontrar la linterna. La encendió y el haz de luz cortó la oscuridad con su hoja iridiscente. Guardó la guitarra en su funda y emprendió el camino de regreso...

Amigo, esto va por tí, ánimo, volverán los tiempos en que te podrás entregar a tu arte. Como bien sabes la historia aún no se ha terminado
* * * * * * *

8 comentarios:

José Coyote dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
José Coyote dijo...

Tienes una forma de expresarte y escribir excelente. Vengo por tu blog con frecuencia a leerte, me encanta tu manera de transmitir.
En este momento que nos ha tocado vivir, esta edad media de la conciencia mediatizada por la economía de mercado y el culto al dinero como primer mandamiento del imperio nos deja a muchos al borde del colapso. Y esta nueva realidad va para largo, es lo peor... Como decías en tu anterior artículo, un mundo mejor es posible, y mejores personas tras las caras y ventanillas de los bancos y menos falsedades en esta sociedad también es posible. El cambio comienza por cada uno de nosotros. Comencemos o continuemos. (Eliminé la anterior entrada por error ortográfico)

emejota dijo...

Hola Estela. Hola Coyote.

Me ha gustado mucho esta historia.

Gracias niña.

Un besazo.

EsTelaMarinera dijo...

En cierto sentido, no considero que la economía de mercado sea mala, ni tampoco pienso que el dinero lo sea. Lo que sí veo inaceptable es el juego sucio que nos convierte en víctimas, en desconfiados, en infelices.
A veces oigo decir "la juventud está hechada a perder" y lo que se debería tener en cuenta es que los jóvenes son así porque se han desarrollado en un entorno bastante desequilibrado, que los hace sentirse insatisfechos, el entorno heredado de los padres, los abuelos...
El cambio hacia una sociedad equilibrada puede ser una realidad si todos hiciéramos lo que tenemos que hacer, ni más ni menos. No hacen falta mesías, ni presidentes carismáticos, tampoco sacrificios. Tan solo necesitamos decir basta ya a tanta inconciencia e irresponsabilidad, procurando actuar de manera más justa. Pues es evidente que aunque la mayoría de la gente se considere "buena persona", si eso fuera cierto, todo sería más bonito.
Así que necesitamos mirarnos con humildad a nosotros mismos para recapacitar si nuestros comportamientos y el empeño por mantener nuestro estatus perjudica o no a alguien.

Gracias Emejota y José por estar ahí. Por seguir compartiendo e interactuando, llenando cada post de vida.

JOSUE dijo...

Por lo que veo esta hermosisima historia lleva dedicatoria. Si fuera para mi, me arrancaría lagrimas por la sensibilidad que describes cada detalle. El amigo al que va dedicada debe amarte mucho.

Tienes una forma excelente de hacer fluir esas palabras, mezclarlas, darles sentido y cautivar a los que te leemos. Síguenos deleitando con tu forma de expresarte .. no dejes de escribir... sigue moviendo nuestros sentidos .. UN ABRAZO!

EsTelaMarinera dijo...

Hola Josue!
Gracias por tu comentario, me halaga que te haya conmovido.

Jose Coyote dijo...

Tampoco considero que la economía de mercado sea negativa ni el dinero, otra cosa es el culto a dichos conceptos como eje principal de la vida. La humanidad vive el mejor momento de su historia, la democracia va caminando y la igualdad se hace hueco en la conciencia de norte a sur. Soy optimista, vamos por el buen camino, sólo hace falta un poquito mas de conciencia, tres gotas de buen humor, sonrisas cómplices, y como bien dices, humildad. Otro de los ingredientes a quitar de la receta es la envidia, amen de la ansiedad y la angustia colectiva. De mesías y elegidos, líderes y salva patrias no estamos necesitados en este momento. Abundan por la red y la sociedad actual contracorrientes y contraculturas cargadas de odio escondidas bajo pieles de cordero, buscando focalizar desencantos en torno a su ego y la exacerbación de su yo. A poco que les sigamos la pista entre líneas se puede leer más que entre verbos y frases rimbombantes. Un saludo

EsTelaMarinera dijo...

Otra cosa que nos falta es un poquito de discernimiento y sentido crítico, estamos muy influenciados por los medios de comunicación y como masa somos muy manipulables. Igual que con las noticias nos podemos volver paranoicos o encontrar amenazas donde no las hay, también la publicidad nos ha creado una quimera, una ilusión que nos hemos creído, con sus múltiples mensajes reversionados que comunican la misma idea: “no importa lo infeliz que seas, si compras mi producto no te sentirás tan insatisfecho, ligarás más, tu vida será más fácil…”
Pero la realidad es muy distinta, si me empeño en adquirir todas esas cosas estaré metida en un lío, sobretodo si no tengo recursos para pagarlo.
En cuanto a la envidia, tal vez si mirásemos con más atención no la sentiríamos, otros pueden tener muchas más cosas, podemos pensar que disfrutan más de la vida porque manejan muchos más recursos, pero en realidad son casos excepcionales. No por tener más se vive mejor. Quien más tiene más quiere, y esa ambición desmesurada hace que el paseo por la existencia se convierta en una carrera a contrareloj.