Con que orgullo nos decía Carmen, en el camping de Temisas, que sus olivares estaban tratados con procedimientos ecológicos. Y allí, un sábado por la tarde, de mitad de octubre, con un sol que rajaba las piedras, parientes y amigos arrimaban el hombro para recoger las aceitunas, desde el más grande al más chico. Y la matriarca con varios años a sus espaldas con la excusa de un mareo por girarse bruscamente para "noveleriar" cuando llegamos a refrescarnos en el bar, se nos acercó para ver quienes éramos y también para conversar.